LA NIETA DEL CHIVO
María Altagracia Trujillo Ricart, de 47 años, primogénita de Ramfis Trujillo y de Octavia Ricart, nieta del Benefactor de la Patria, partió en el año 1962 hacia la España de Francisco Franco. Acompañaba a su padre, Ramfis; a sus tíos Radhamés y Angelita -los tres, hijos del autócrata-, y a su abuela la Prestante Dama, María Martínez de Trujillo.
María Altagracia tenía entre siete y ocho años al ser internada en un colegio madrileño. Sus compañeras la señalaban: "Mira, la nieta del dictador. ¿Es verdad que tu abuelito se comía la cabeza de sus enemigos?". Mary Loly de Severino, consultora de arte en Santo Domingo, compartió colegio con ella y con su hermano Ramfis Trujillo Ricart, y evoca la imagen del jefe, del abuelito, acudiendo diariamente a la escuela con los dos nietos de la mano, amoroso y tierno, inimaginable en su condición de fiera. La ferocidad y crueldades del tirano, y las cometidas por sus hermanos e hijos y por la Gestapo trujillera, apenas conocieron límites y pesan como una losa en la saga sobreviviente.
La oposición acabó en los potros o en las fauces de los tiburones de los acantilados insulares, y sus familias, en la ruina o en las mazmorras del régimen. Las adolescentes y esposas más apetecibles del feudo fueron vejadas por Rafael Leónidas Trujillo y su hijos Radhamés y Ramfis, generalísimo a los 10 años, y los nacionales que las negaron sufrieron las consecuencias. "Una vez, el hijo del señor se paró a preguntarme de qué raza era el perro que yo estaba paseando. Mi papá, nunca jamás me dejó volver a pasear el perro. No fuera ser que un Trujillo me pusiera un ojo encima. Sabía lo que podía ocurrirme", relata De Severino, todavía hermosa.
No hubo empresa o negocio que no pagara diezmos, y la saga fue dueña absoluta del Estado, del Banco Central, de las aduanas, de los principales consorcios nacionales, de las cuarterías en alquiler, y acumuló tanto que perdió la cuenta de las fincas, mansiones, residencias veraniegas, franquicias y comisiones en fraudulenta propiedad: miles de millones de dólares, según cálculos que debieran ser actualizados, la más cuantiosa fortuna personal de América Latina. Las turbas saquearon las posesiones, y las que quedaron en pie fueron incautadas por el Estado. La familia quedó al pairo, expulsada por el magnicidio de mayo de 1961, perseguida por una nación en llamas. El efectivo robado en maletines, o atesorado antes en Suiza, había de cundir poco, y de la opulencia pasó la saga al decaimiento. El 18 de noviembre de 1961, Ramfis fletó el yate Angelita con el cadáver de su padre y cajones de dólares atiborrando sus bodegas. Pero el saqueo del Banco Central había sido tal que la nave fue interceptada en alta mar y obligada a regresar a puerto.
María Altagracia padeció desde temprano las secuelas de los desmanes de sus ancestros. Harta un día de las preguntas sobre el canibalismo del viejo contestó a una compañera de pupitre: "Sí, nosotros comemos gente. Ese brazo tuyo me tiene loca". "Ella es adorable, simpatiquísima", agrega Mary Loly de Severino. Los mayores de la nieta han muerto: el césar, sus amantes, sus tres esposas: la tercera, María Martínez Alba, codiciosa, avara y vengativa, perdió sus cabales y las claves de acceso a la millonada ingresada en cuentas extranjeras. Aún la maldicen quienes ansiaban su disfrute.
Desaparecieron los hermanos del patriarca: Aníbal, Virgilio, Héctor Bienvenido (Negro), José Arismendi (Petan) o Amable Romeo (Pipí), y las esposas de vicaría o de ocasión y los hermanastros; también el hijo menor, el bestia de Radhamés, que desfloraba a mano, y fue supuestamente asesinado por cómplices en el narcotráfico colombiano, y el otro hijo, el padre de María Altagracia, víctima de un accidente de tráfico. Otra hija del tirano, Angelita, regenta una gasolinera en Miami y predica en las esquinas el advenimiento de un nuevo cristianismo. El árbol genealógico de los Trujillo se pierde en los vericuetos abiertos por los harenes y los cuernos, por el frenético fornicio de los fundadores fuera del santo matrimonio. Otra hija de su excelencia, Odette, reside en Houston. La singular Flor de Oro Trujillo Ledesma, nacida de Aminta Ledesma cuando Trujillo era teniente, matrimonió con el reputado tenorio dominicano Porfirio Rubirosa, y después, cinco veces. Con su amante Lina Lovatón tuvo varios hijos. Todos forman parte de una enmarañada trama de parentescos.
Lita Trujillo, actriz argentina de segunda en sus años mozos, que fue asidua en la prensa del corazón madrileña, Lita Milán en las tablas, segunda esposa de Ramfis, heredó parte de la fortuna arrebatada a sus compatriotas por éste, el hijo más encanallado y crápula de un sátrapa que humilló a un ministro haciéndole tocar las maracas toda la noche en una bacanal de burdel.



