PORFIRIO RUBIROSA
El dominicano Porfirio Ruborosa “Rubì” parece ser el émulo del Casanova. Y de ambos hay que decir, que como personajes de la vida real, superaron en aventuras el mito literario del “don Juan” que se inició con la obra de Tirso de Molina. Oriundo de San Francisco de Macorís, e hijo de un general del ejército, Rubirosa salió del país hacia Francia en 1930, en donde su padre había sido nombrado jefe de la misión dominicana. Allí recibió dos años de educación universitaia. A su vuelta a Santo Domingo ingresó al Ejército Nacional y en 1932 era ya teniente al servicio del cuerpo de los militares que protegían a Trujillo. Dos años más tarde ostentaba el rango de capitán asignado al socorro de campo de la tiranía, tiempo que aprovechó para satisfacer los caprichos de Flor de Oro Trujillo Ledesma, la hija mayor del tirano (procreada con Amnita Ledesma), con quien se casaría luego. Se sabe que Flor de Oro, (que frustrada por su divorcio con Rubirosa llegó a casarse otras siete veces), le grabó una cinta a su amiga Maritza Quiñones contándole su vida, que incluye su primera noche de bodas con el Playboy: "Fuimos llevados a un bungalow en los terrenos del palacio. Todavía llevaba puesto mi traje de bodas para que mi madre (que no fue invitada a la boda) pudiera verme con él antes de perder mi virginidad... El me llevó al lecho nupcial, estaba asustada con esa cosa apuntándome... Me asusté y corrí por toda la casa". Flor de Oro dijo que le duró una semana recuperarse de esa noche.
Alardeando de su condición de macho, de Rubirosa diría el propio Trujillo cuando lo nombró para el servicio exterior en Bèlgica: “Aunque es un mentiroso puede ser un excelente diplomático, porque como a mí, las mujeres lo adoran”.
En su desandar por el mundo, Ruborosa fue boxeador, piloto de aviones, corredor de Fórmula 1, espía al servicio del trujillasto, jugador de polo y buscador de tesoros, llegándose a casar con dos de las mujeres más ricas del planeta, una detrás de la otra, como Doris Duke y Bárbara Hutton, además de ser amante de las divas de Hollywood, Dolores del Río (1905-1983), Ava Lavinia Gardner (1922-1990), Jane Mansfield (Vera Jayne Palmer,1933-1967), Verónica Lake (Constance Frances Marie Ockelman, 1919-1973) y la húngara Zsa Zsa Gabor (Sari, 1917) actriz, de la que se dice, nunca olvidó al dominicano.
De La Duke, amante del jazz y con la que casó en 1947, se dice que estaba tan enamorada que le hizo regalos que incluían un bombardero B-25 adaptado, que él mismo pilotaba, una mansión en Francia y medio millón de dólares. Dos años después, y con algún que otro romance en medio, conoció a La Hutton “La pobre niña rica”, heredera del imperio Woolworth, la cadena de tiendas de todo a 100 de la época. Su matrimonio sólo duró 73 días, tiempo suficiente para hacerse con varios millones de dólares, fincas en Santo Domingo, cinco caballos pura sangre, además de 40 trajes y 20 pares de zapatos, que le valieron el título del hombre mejor vestido de América.
Luego se casó con Danielle Darrieux (1917), la actriz mejor pagada del cine francés cuyo matrimonio duró poco. La última de sus esposas, su viuda oficial, fue Odile Rodin, a la que llevaba 29 años, la única sin dinero y, para muchos, el único amor de su vida.
Ninguna mujer se le resistía y con cada nueva conquista aumentaba la leyenda como lo dice la canción: “Rubirosa tiene una cosa/ que no sé qué será/ qué será/ qué será/ lo que tiene Rubirosa”.
El solía decir que era mejor morir rico y contento que vivir pobre, aburrido y viejo, y quizás por ello, muchos creen que se suicidó cuando el carro Ferrari que conducía por la avenida de la Reina Margarita de París, en 1965, se estrelló contra un árbol, dejándolo sin respiración sobre el volante.
Cuatro años después, en diciembre de 1969, sería Ranfis (Rafael Leonidas Trujillo Martínez) el hijo mayor del tirano, mezcla de su padre y del propio Ribirosa a quien admiraba, que correría la misma suerte, esta vez, al precipitarse el vehiculo que conducía por una carretera de las afueras de Madrid, España, en donde, bajo la protección del régimen franquista, se dedicó a los placeres terrenales (mujeres, orgías, coche, viajes, etc.), como en los mejores años de la dictadura (cuando al igual que su padre, desfloraba muchachitas y compartía romances con las actrices más famosas de Hollywood. Así terminó Ranfis, nombre que le había puesto su madre María Martínez, sacándolo precisamente de uno de los personajes de la célebre opera Aída, de Giuseppe Verdi, de la que también les hablamos, en la que otro personaje se llama Radhamès, nombre que le fue puesto al otro hijo del tirano (Radhamès) de quien se dice, fue eliminado en la década de los 90s. por mafiosos del narcotráfico de Colombia y Panamá a quienes se había aliado ante sus dificultades económicas.
Cuando una vez le preguntaron a Rubirosa por su fama con las féminas, contestó: "Entre otros señores y yo hay una gran diferencia: ellos pagan a las mujeres, las mujeres me pagan a mí”. Se dice que en su cama estuvieron hasta Patricia Kennedy (1924) hermana del ex presidente John F Kennedy, Eva –Duarte- Perón (1919-1952) y Marilyn Monroe (1926-1962) que en la vida real fue mas que una donjuana”.
Truman Capote (1924-1984) describió en su novela inconclusa “Answered Prayers”, que el principal atributo de Rubi era como una "macana café con leche de once pulgadas, tan grueso como una muñeca de hombre". Su constante estado de erección le ganó el apodo de "siempre listo". Cuando le preguntaron que comparara el miembro de Rubirosa con los zapatos número 11 usados por el escritor, reconoció que los zapatos eran más pequeños.
De la vida de Rubirosa se hizo un documental y ya se habla de una película de nombre “Rubì”, a cargo de la productora Sierralta Entertaiment Group, en la que actuarían como Rubirosa, Antonio Banderas y como Flor de Oro, Salma Hayek. Lo cierto es, que mientras el tema de “El Casanova”, a propósito del playboy italiano, se agota, el mito de Ruborosa, en calidad de “Rubì” o “El primer playboy”, adquiere renovado interés y valor para el cine y la literatura, a pesar de que el personaje, esta vez sacado de la vida real, es otra versión del repetitivo “don Juan”, del que seguiremos hablando en la próxima entrega en su más de mil versiones.




