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ANIVERSARIO TRAGEDIA AEREA

miércoles, 14 de mayo del 2008 a las 23:33
Se cumplen hoy 38 años tragedia aérea


Se cumplen  hoy 38 años de la caída del avión de Dominicana de Aviación que se precipitó al mar en la costa Este del país y que provocó la muerte de sus 102 ocupantes, entre ellos el boxeador Carlos (Teo) Cruz.

El hecho ocurrió cuando en horas de la tarde, el avión que cubría la ruta Santo Domingo-San Juan, Puerto Rico, se le apagó uno de los motores.

Entre el grupo viajaba también varias jóvenes integrantes de la selección femenina de voleibol de Puerto Rico.

Además de Cruz, en el accidente murieron la diplomática Aída Imbert viuda Domínguez, la estudiante Marisol Santillán, la también estudiante Rosa Aída Báez Cordero, Elsie Elizabeth Báez Cordero, y el médico Joaquín Antonio Ruiz Medina.

Igualmente fallecieron Julio Cohén Peynado, Luis Radhamés Matos Espaillat, Ana Julio Hernández de Paulino, Ramona María Torres Ferreira, Neftali Santoa Reynoso, Asunción Mercedes Pérez Fernández, Carmen Vargas, Carlos Brito, y Rosa Mirna Reyes Ureña.

Guarina Tessón de Imbert, Ana Mercedes de la Altagracia Heyaime Caamaño, José Ernesto Cardona Gómez, Angelina Concepción, Paulina López Castillo de Madera, Teresa Ercilia Garrigas Aquino, Betsy Nieves Nanson de Taveras, Rafaela González guzmán y Luis Francisco Estrella Ledesma.

Igualmente, Rafael Caminero, María E. Acosta Féliz, José Vicente Sangiovanni.

ORLANDO MARTINEZ HOWLEY

martes, 13 de mayo del 2008 a las 18:36

El 23 de septiembre de 1975 Orlando Martínez cumpliría 31 años de edad, pero su asesinato se produjo el 17 de marzo, y el periodista no alcanzó su cumpleaños. Con su muerte el país perdió a un brillante periodista en pleno ejercicio, que pese a su corta edad dirigía una revista semanal de importancia política extraordinaria, y producía una columna diaria en el periódico El Nacional. Con el atentado contra Orlando Martínez se pretendió callar al conjunto de los periodistas dominicanos que batallaban por restaurar la libertad de expresión, que el país había reconquistado con el ajusticiamiento de Rafael Trujillo y la salida de los trujillistas del poder. El cineasta René Fortunato ha revelado, a propósito de las investigaciones para su nuevo documental, que existe una marcada diferencia entre los discursos grabados pronunciados por Joaquín Balaguer en el período de sus 12 años de gobierno (1966-1978) y esos mismos discursos publicados en varios libros como recopilación algunos años después. La diferencia es importante: lo eliminado es todo aquello en lo que el entonces presidente Balaguer aparece amenazante, impugnador del trabajo periodístico, y aquello en lo que resulta fácil descubrir que nadie se atrevía entonces, desde el Gobierno, las Fuerzas Armadas o la Policía Nacional, a realizar ninguna acción sin el consentimiento del caudillo. La imagen transmitida por Balaguer en los últimos 20 años, y la que sus seguidores han querido modelar después de su muerte, como un hombre manso y tierno, contrasta sobremanera con el político y presidente amenazante, que daba golpes en la mesa, y que frente a los militares que le acompañaban le increpaba al periodista Juan Bolívar Díaz, en 1968, que si con una pregunta estaba acusando a las Fuerzas Armadas y a sus jefes militares de actos terroristas. Claro, después de eso el carro del joven reportero explotaba frente a su residencia, por una bomba colocada para matarlo, y más tarde para salvar su vida se veía obligado a tomar un exilio forzoso a México. Esas mismas fuerzas que operaban amenazando, impugnando, golpeando e intimidando a los periodistas, más tarde denominada por el propio Joaquín Balaguer como "Fuerzas Incontrolables", asesinaban al periodista Gregorio García Castro, jefe de redacción de Ultima Hora, y habían asesinado al periodista y abogado Guido Gil Díaz. Orlando Martínez comenzó su ejercicio periodístico al inicio de los años 70. Su asesinato cinco años después, puso fin a una labor periodística de opinión, pugnaz, valiente, clara y decidida, en la que una de sus temáticas preferidas era precisamente el doctor Joaquín Balaguer. El trabajo periodístico de Orlando inquietaba, tal vez irritaba, a Balaguer y a los balagueristas. La claridad de sus exposiciones provocaba urticaria en la piel de los gobernantes, lo que habría llevado al doctor Balaguer, delante de algunos de sus acólitos, a decir que ese periodista no lo dejaba gobernar tranquilo. Tranquilidad nunca hubo en los gobiernos de Balaguer. La lista de muertos por razones políticas es demasiado larga. La lista de presos y deportados por las mismas razones políticas fue también extensa. La lista de personalidades silenciadas, por razones políticas, no dejó tranquilidad a nadie en el país. José Francisco Peña Gómez y Pablo Rafael Casimiro Castro, durante muchos años fueron impedidos de tomar el micrófono de Tribuna Demócrática, el programa radial del PRD, a través del cual Juan Bosch contribuyó extraordinariamente a crear una nueva lengua en la República Dominicana. Orlando se atrevió a hurgar como nadie en la política y la personalidad de Balaguer, y desentrañó muchas de sus incógnitas y enigmas. "¿Puede Balaguer hacer todo lo que quiera sin temor?", se preguntó en una ocasión, para responderse a sí mismo que el poder de Balaguer tenía su explicación "en los bandazos de la oposición, o de las oposiciones". Orlando Tenía muchas cosas claras sobre Joaquín Balaguer, y llenó cientos de páginas para explicarle al país y a la oposición dónde radicaba el poder del caudillo reformista. El apoyo de las Fuerzas Armadas a Balaguer, según Orlando, se debía "al temor y el respeto que sienten los jerarcas militares por el presidente de la República". Balaguer escribió muchas páginas, y sus discursos llenaron otras, entre ellas las que exigían el esclarecimiento del crimen de Orlando Martínez. Llegó incluso a ofrecer una recompensa en dinero a quien diera información que indujera a detectar a los asesinos. Y luego no quiso escribir una página, la dejó en blanco, en su memoria temprana de 1988, admitiendo que tenía la información pero que la dejaría a alguien que le sobreviviría, para que muchos años después dijera quiénes mataron a Orlando Martínez. Las consecuencias que se derivaron del asesinato del periodista dejaron claro al doctor Balaguer que no era posible "hacer todo lo que quiera sin temor", y desde entonces se dejó de matar a balazos y a palos a los periodistas para asesinar moralmente a los que flaquearan frente al poder. Allí quedaron tantos cadáveres que el periodismo comenzó a morir moralmente, a doblegarse como en los tiempos del trujillismo, no tanto por la presión, la represión o la amenaza, sino por una parte –mínima- del pastel que se repartía, y que retomó bríos con el retorno del doctor Balaguer al poder en 1986, cuando ya el PRD había abierto las puertas de las cárceles a los presos y los aeropuertos del país a los exiliados. Poco comunicativo, nunca dado a la espontaneidad y a la respuesta directa, el doctor Balaguer fue marcado por el ejercicio del periodismo, y probablemente sus momentos más difíciles como gobernante tuvieron que ver con los periodistas. Plinio Díaz, Guido Gil Díaz, José Enrique Piera Puig, Gregorio García Castro, Orlando Martínez, Narciso González enlutaron el ejercicio periodístico, pero el gobernante que toleró esos crímenes sufrió las consecuencias de cargarlos sobre sus hombros. La secuela judicial que siguió a esos crímenes intranquilizó siempre al doctor Joaquín Balaguer, a quien las sombras de Gregorio García Castro, Orlando Martínez y Narciso González no dejaron nunca en paz. En sus memorias, publicadas en 1988, Balaguer relata que "una de las más grandes frustraciones que me llevaré a la tumba, es la de morir sin haber podido conocer a ciencia cierta el nombre del funcionario, militar o civil, que impartió la orden para que tres desalmados le arrebataran inicuamente la vida" a Gregorio García Castro. Cuenta que en este caso "obró una confabulación de silencio que no me fue dable vencer, ni aún con la oferta de jugosas dádivas a los presuntos autores de esa infamia". Sin embargo, en el caso del periodista Orlando Martínez sí se enteró Balaguer quiénes lo asesinaron y prefirió guardar silencio, dejando en blanco una página para que fuera llenada "algunos años después de mi muerte" por una persona amiga, "que por razones de edad está supuesta a sobrevivirme y que ha sido encargada por mí de hacerlo público...". La justicia ya identificó a los asesinos y el performance de Balaguer resultó inútil. La víctima y el jefe de los victimarios se encontraron en una recepción, en el Palacio Nacional el 24 de julio de 1974, y lo que sigue es el relato de la víctima: "Cuando el doctor Balaguer llegó donde me encontraba me dio la mano como había hecho con todos. Cuando se disponía a seguir, Font Bernard le dijo: "Señor Presidente, éste es Orlando Martínez". Entonces el mandatario se sonrió y expresó: "Una gran pluma; no me imaginaba que usted fuera tan joven". Orlando Martínez murió asesinado antes de cumplir 31 años.

LA NIETA DEL CHIVO

lunes, 12 de mayo del 2008 a las 22:21

María Altagracia Trujillo Ricart, de 47 años, primogénita de Ramfis Trujillo y de Octavia Ricart, nieta del Benefactor de la Patria, partió en el año 1962 hacia la España de Francisco Franco. Acompañaba a su padre, Ramfis; a sus tíos Radhamés y Angelita -los tres, hijos del autócrata-, y a su abuela la Prestante Dama, María Martínez de Trujillo.

María Altagracia tenía entre siete y ocho años al ser internada en un colegio madrileño. Sus compañeras la señalaban: "Mira, la nieta del dictador. ¿Es verdad que tu abuelito se comía la cabeza de sus enemigos?". Mary Loly de Severino, consultora de arte en Santo Domingo, compartió colegio con ella y con su hermano Ramfis Trujillo Ricart, y evoca la imagen del jefe, del abuelito, acudiendo diariamente a la escuela con los dos nietos de la mano, amoroso y tierno, inimaginable en su condición de fiera. La ferocidad y crueldades del tirano, y las cometidas por sus hermanos e hijos y por la Gestapo trujillera, apenas conocieron límites y pesan como una losa en la saga sobreviviente.

La oposición acabó en los potros o en las fauces de los tiburones de los acantilados insulares, y sus familias, en la ruina o en las mazmorras del régimen. Las adolescentes y esposas más apetecibles del feudo fueron vejadas por Rafael Leónidas Trujillo y su hijos Radhamés y Ramfis, generalísimo a los 10 años, y los nacionales que las negaron sufrieron las consecuencias. "Una vez, el hijo del señor se paró a preguntarme de qué raza era el perro que yo estaba paseando. Mi papá, nunca jamás me dejó volver a pasear el perro. No fuera ser que un Trujillo me pusiera un ojo encima. Sabía lo que podía ocurrirme", relata De Severino, todavía hermosa.

No hubo empresa o negocio que no pagara diezmos, y la saga fue dueña absoluta del Estado, del Banco Central, de las aduanas, de los principales consorcios nacionales, de las cuarterías en alquiler, y acumuló tanto que perdió la cuenta de las fincas, mansiones, residencias veraniegas, franquicias y comisiones en fraudulenta propiedad: miles de millones de dólares, según cálculos que debieran ser actualizados, la más cuantiosa fortuna personal de América Latina. Las turbas saquearon las posesiones, y las que quedaron en pie fueron incautadas por el Estado. La familia quedó al pairo, expulsada por el magnicidio de mayo de 1961, perseguida por una nación en llamas. El efectivo robado en maletines, o atesorado antes en Suiza, había de cundir poco, y de la opulencia pasó la saga al decaimiento. El 18 de noviembre de 1961, Ramfis fletó el yate Angelita con el cadáver de su padre y cajones de dólares atiborrando sus bodegas. Pero el saqueo del Banco Central había sido tal que la nave fue interceptada en alta mar y obligada a regresar a puerto.

María Altagracia padeció desde temprano las secuelas de los desmanes de sus ancestros. Harta un día de las preguntas sobre el canibalismo del viejo contestó a una compañera de pupitre: "Sí, nosotros comemos gente. Ese brazo tuyo me tiene loca". "Ella es adorable, simpatiquísima", agrega Mary Loly de Severino. Los mayores de la nieta han muerto: el césar, sus amantes, sus tres esposas: la tercera, María Martínez Alba, codiciosa, avara y vengativa, perdió sus cabales y las claves de acceso a la millonada ingresada en cuentas extranjeras. Aún la maldicen quienes ansiaban su disfrute.

Desaparecieron los hermanos del patriarca: Aníbal, Virgilio, Héctor Bienvenido (Negro), José Arismendi (Petan) o Amable Romeo (Pipí), y las esposas de vicaría o de ocasión y los hermanastros; también el hijo menor, el bestia de Radhamés, que desfloraba a mano, y fue supuestamente asesinado por cómplices en el narcotráfico colombiano, y el otro hijo, el padre de María Altagracia, víctima de un accidente de tráfico. Otra hija del tirano, Angelita, regenta una gasolinera en Miami y predica en las esquinas el advenimiento de un nuevo cristianismo. El árbol genealógico de los Trujillo se pierde en los vericuetos abiertos por los harenes y los cuernos, por el frenético fornicio de los fundadores fuera del santo matrimonio. Otra hija de su excelencia, Odette, reside en Houston. La singular Flor de Oro Trujillo Ledesma, nacida de Aminta Ledesma cuando Trujillo era teniente, matrimonió con el reputado tenorio dominicano Porfirio Rubirosa, y después, cinco veces. Con su amante Lina Lovatón tuvo varios hijos. Todos forman parte de una enmarañada trama de parentescos.

Lita Trujillo, actriz argentina de segunda en sus años mozos, que fue asidua en la prensa del corazón madrileña, Lita Milán en las tablas, segunda esposa de Ramfis, heredó parte de la fortuna arrebatada a sus compatriotas por éste, el hijo más encanallado y crápula de un sátrapa que humilló a un ministro haciéndole tocar las maracas toda la noche en una bacanal de burdel.

ATENTADO A ANTONIO IMBERT

domingo, 11 de mayo del 2008 a las 19:11

La CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos) atribuyó el intento de asesinato del general Antonio Imbert Barrera en 1967 a una “secuela del atentado” que eliminó al dictador Rafael Trujillo y advertía que colocaba a Joaquín Balaguer, a la sazón presidente de la República, en una disyuntiva política riesgosa.

El planteamiento está en un documento desclasificado de la CIA que fue elaborado el 30 de marzo de 1967 a los nueve días del atentado contra Imbert Barrera.

Imbert Barrera fue uno de los dos sobrevivientes del grupo de complotados que ajustició a Trujillo el martes 30 de mayo de 1961, en el Malecón de Santo Domingo. El otro sobreviviente fue Luis Amiama Tió.

El documento de la CIA, con grandes tachaduras para ocultar detalles, puede ser leído a partir del punto tres, el cual dice: “3. Secuelas del atentado contra el asesino de Trujillo.

“El reciente ataque contra el general Imbert, uno de los asesinos de Trujillo, continúa causando problemas al presidente (Joaquín) Balaguer.

“Se ha nombrado a un nuevo jefe policial, en parte como respuesta a las acusaciones del ministro de Interior y Policía (Luis) Amiama (Tió) de “errores injustificables” cometidos por la policía en la búsqueda de hombres armados que trataron de asesinar a Imbert.

“La razón para la selección del general (coronel del Ejército, Ramón) Soto (Echavarría) como nuevo jefe policial no está clara. Su nombramiento parece atraer amplias críticas. (Tachadura)

“El ataque contra Imbert parece haber intensificado la hostilidad entre la derecha antitrujillista, tal como Amiama (Tió), y los asesores palaciegos “trujillistas”, quienes han jugado un rol de mucha influencia en los asuntos administrativos, de inteligencia y de seguridad. A menos que los temores y sospechas que han surgido sean controladas satisfactoriamente, Balaguer puede verse forzado a escoger entre estas facciones”.

El complot
Tanto Imbert Barrera como Luis Amiama Tió formaron parte del complot contra Trujillo. Todos los complotados que cayeron en manos de los servicios de inteligencia de la dictadura fueron asesinados por militares bajo las órdenes de Rafael Leonidas  (Ramfis) Trujillo Martínez, el hijo mayor del dictador el 19 de noviembre de 1961, luego que toda la familia Trujillo y sus adláteres se vieron precisados a abandonar el país.

Imbert Barrera y Amiama Tió habían sido declarados héroes nacionales en 1962 y generales del Ejército, como una forma de otorgarles protección ante una posible venganza de los herederos de Rafael Trujillo.

La mañana del 21 de marzo de 1967, el general Imbert Barrera transitaba en su vehículo de oeste a este por la calle Pedro Henríquez Ureña, tras el viejo zoológico, poco después de pasar la esquina con la avenida Alma Mater, cuando fue atacado desde la parte posterior.

Iba acompañado de su guardaespaldas coronel Marino García. Ambos recibieron numerosos balazos en la espalda y el cuello. García quedó casi moribundo e Imbert, con un brazo casi inutilizado, hizo frente a los atacantes que huyeron. En esos años, esa parte de la ciudad estaba poco habitada y el lugar era solitario. Únicamente algunas residencias de familias muy acomodadas existían en el lugar, pero también operaba, justo donde se bifurcan las avenidas Pedro Henríquez Ureña y César Nicolás Penson, las oficinas de una empresa naviera.

Rápidamente se reunieron numerosas personas.
Con el vehículo casi completamente destrozado, los vidrios delanteros y trasero hechos añicos y un brazo casi inutilizado, Imbert Barrera logró poner a un lado a García, quien conducía el automóvil.

Entonces él mismo condujo hasta la clínica Internacional que está en la avenida Francia. Allí ambos fueron auxiliados.

A pesar de las graves heridas sufridas por ambos, lograron sobrevivir. García fue luego ascendido a general, puesto en retiro por edad y falleció hace unos años.

El conflicto
Imbert Barrera había mantenido un papel preponderante en la vida pública y social dominicana.

En 1965, tras el levantamiento militar de abril, fue escogido por las Fuerza Interamericana de Paz, que ocupaban el país, para integrar un gobierno que controlara la mayor parte del territorio nacional, ya que el proclamado gobierno constitucionalista del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, había concentrado su dominio en la parte colonial de Santo Domingo.

Aún cuando eran frecuentes los rumores de que habrían atentados contra los que actuaron en el ajusticiamiento de Trujillo, nunca se concretaron hasta ese martes 21 de marzo.

Al integrar el Gobierno de Reconstrucción Nacional, Imbert Barrera se convirtió en el 47 presidente dominicano. Ya había sido miembro del Consejo de Estado que gobernó el país entre enero de 1962 y febrero de 1963, que entregó el poder al electo presidente Juan Bosch.

Aún cuando los Trujillo habían sido desalojados del poder, conservaban fuerzas que predominaban en algunos sectores sociales y militares.

Estas fuerzas actuaban con sigilo y precaución porque su presencia irritaba también a otros muchos sectores.

Ese atentado contra Imbert Barrera se dijo que fue cometido por especialistas “mecánicos” cubanos de la mafia que habían sido contratados por Ramfis. El término “mecánico” se utilizaba entre los mafiosos de la época para referirse a los asesinos por contrato.

 

LA MUERTE DE TRUJILLO

domingo, 11 de mayo del 2008 a las 19:08
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Zacarías de la Cruz, el chófer militar de Trujillo la noche del 30 de mayo, narró su versión de lo acontecido ese día al Procurador Fiscal y a un Juez de Instrucción. Ese documento nunca antes había sido publicado y El Caribe lo ha obtenido en exclusiva.
Su declaración fue dada casi al morir Trujillo, el 21 de julio de 1961, es decir hace exactamente 40 años al día de hoy, cuando todavía su hijo Ramfis controlaba el país y no se había iniciado el proceso de apertura del régimen, por lo que se podría pensar que su versión de los hechos reflejó la necesidad de mostrar una actitud valiente por parte del dictador en el momento de su muerte. Sin embargo, lo dicho por Zacarías coincide en muchos aspectos, mas no en todos, con las versiones dadas por algunos de los ajusticiadores que sobrevivieron al hecho.

Los aspectos más importantes de su declaración son:
1. El primer disparo contra Trujillo, que fue de escopeta, fue hecho cuando el carro que conducía Antonio Imbert y en el cual se encontraban Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá y el Teniente Amado García Guerrero, todavía estaba detrás del de Trujillo y no, como según las versiones de tres de los participantes (Antonio Imbert, Huáscar Tejeda y Salvador Estrella Sadhalá), cuando éste estuvo al lado del de Trujillo. Ese primer disparo hirió al dictador. Por otras versiones se sabe que quien lo hizo fue Antonio de la Maza, quien estaba en el asiento delantero derecho del vehículo.
2. Zacarías le sugirió a Trujillo que se fueran del lugar, pero el dictador insistió en que se parasen a pelear. Salvador Estrella Sadhalá, ya preso, dijo que Trujillo ordenó: "Párate a pelear".
3. Desde el vehículo con los cuatro héroes y mientras rebasaban el carro del dictador, se efectuaron disparos con un fusil M-1. Algunos pudieron haber impactado en Trujillo. Por otra versión se sabe que quien le disparó fue Amado García Guerrero, que estaba en el asiento trasero derecho.
4. Al ordenar Trujillo que se detuvieran, el vehículo conducido por Imbert les rebasó y éste luego tuvo que frenar y volverse. Entonces el vehículo de los héroes dobló y bloqueó el lado derecho de la autopista. Zacarías trató de volver su auto hacia Ciudad Trujillo, pero no lo hizo pues Trujillo, mal herido, optó por desmontarse del carro y pelear en la intemperie, sin la protección del interior del vehículo. Eso cuadra con la declaración que en la cárcel dio Huáscar Tejeda.
5. La única arma que utilizó Trujillo fue un pequeño revólver 38 de bolsillo.
6. Zacarías le advirtió a Trujillo que él también había sido herido. Como su carro ya se había detenido, pudo disparar con un rifle M-1. El dictador, ya fuera del carro, también disparó con su revolver, avanzando 3 ó 4 metros desde el frente de su automóvil, moviéndose al descubierto hacia los vehículos que le atacaban. De pronto cayó de bruces, inerte, presumiblemente ya muerto.
7. Zacarías, ya solo, siguió disparando con su M-1 y luego con una ametralladora Luger. Vio cuando uno de los héroes avanzó hacia el cuerpo de Trujillo, lo que aprovechó para tirarle y herirle. De los integrantes del automóvil de los cuatro héroes, tres recibieron heridas leves: Amado García Guerrero, Salvador Estrella Sadhalá y Antonio Imbert.
8. Al acabársele los tiros a Zacarías, salió del carro para buscar una ametralladora que estaba en el asiento de atrás del mismo y entonces fue alcanzado por un tiro en la cabeza y se desmayó. En total recibió 9 impactos. De creerse su versión, los héroes no lo vieron ni lo remataron cuando se acercaron al vehículo. Eso es improbable, luce más bien que Zacarías se ocultó en la finca que en ese entonces bordeaba la autopista.
9. Zacarías no cita la llegada del segundo vehículo, manejado por Huáscar Tejeda y donde estaban Pedro Livio Cedeño y Fifí Pastoriza. Debió haberse desmayado antes, por lo que la grave herida que sufrió Pedro Livio entonces fue hecha por uno de sus compañeros. Luis Salvador Estrella, en su libro, probablemente en base a lo narrado por Salvador Estrella la misma noche del 30 de mayo antes de esconderse, coincide en que el segundo vehículo llegó después de muerto Trujillo y que fue Salvador quien, por error, hirió a Pedro Livio, quien en efecto obtuvo heridas de una pistola 38. El único que usó ese arma esa noche fue Salvador.
Esta versión de los hechos difiere en detalles importantes de lo declarado por Antonio Imbert a la prensa y también de lo dicho por Huáscar Tejeda, Pedro Livio Cedeño, Roberto Pastoriza y Salvador Estrella Sadhalá bajo interrogatorio cuando fueron detenidos y de lo que luego contaron a sus amigos en la cárcel, antes de ser asesinados en noviembre de 1961.
Bernardo Vega

La segunda versión del chofer

En un libro publicado en España en 1965 por el ecuatoriano Gerardo Gallegos, aparece una segunda declaración jurada de Zacarías, efectuada en Madrid en 1964.
Allí exagera un poco su declaración de 1961. Pone a Trujillo a decir: "Zacarías, párate que estoy herido". Y luego: "Para Zacarías, coge la ametralladora, vamos a pelear, que estoy herido". Allí se cita la llegada del segundo vehículo y agrega que fue Trujillo quien, con su revólver, hirió a Pedro Livio Cedeño, que había llegado en ese segundo vehículo y que el dictador disparó los seis proyectiles de su revólver y que murió cuando ya no contaba con balas. Esta segunda versión, reproducida en la prensa dominicana en 1999, es la que ha sido citada por algunos dominicanos que se han especializado en el tema y que tienden a defender el trujillismo.

La suerte de Zacarías

El chofer de Trujillo fue condecorado por el Presidente Balaguer en junio de 1961. Al caer los remanentes de la dictadura, Zacarías junto a Ramfis Trujillo y otros, se fue a vivir a España, regresando al país en 1966, al asumir el gobierno Joaquín Balaguer, siendo entonces nombrado en un alto cargo en el Consejo Estatal del Azúcar (CEA), en el departamento encargado de reclutar haitianos para el corte de la caña.
Nunca más hizo declaraciones a la prensa. Murió el 3 de junio de 1999 a los 93 años de edad. El presidente Leonel Fernández ordenó que fuese sepultado con honores militares. Última Hora editorializó: "Con la muerte de Zacarías de la Cruz se esfuma la posibilidad de conocer, de primera mano y a través de un testigo de excepción, más detalles reveladores sobre el ajusticiamiento de Rafael Trujillo en 1961 y otros aspectos sobre la vida privada del dictador que dominó toda una época de la vida contemporánea. Por una suerte de invariable convicción que algunos nunca entendieron cabalmente pero que todos debieron respetar por su firmeza de carácter, Zacarías fue siempre una tumba en la que nadie pudo penetrar para que hablara sobre lo que conocía como chofer preferido de Trujillo".
Antonio dijo que Trujillo no podía estar herido cuando se inició la balacera. Antonio Imbert es el único otro testigo de los hechos que pudo hacer una declaración formal sin cohersión sobre lo que ocurrió. En su más amplia declaración a la prensa sobre el asunto, en 1964, explicó que el primer tiro, el de Antonio de la Maza, lo trató de dar cuando los dos vehículos estaban paralelos y que apuntó a Zacarías, pero la escopeta le falló. También erró el segundo, porque coincidió con el frenazo que dio Zacarías. A unos 500 metros Antonio Imbert dio la vuelta en redondo y el vehículo se detuvo en el carril derecho de la pista, como a 15 metros del de Trujillo, el cual estaba estacionado a la derecha y del cual tiraban con una ametralladora. Los cuatro héroes salieron del vehículo y tuvo lugar un intercambio de disparos que duró unos cuatro minutos. Considera que Trujillo no pudo haber estado herido al iniciarse la balacera, pues los dos escopetazos de De la Maza habían fallado. No cree que Trujillo disparó con un revólver, tal vez con una ametralladora.
Imbert y De la Maza entonces avanzaron hacia el carro de Trujillo, recibiendo Imbert una ligera herida en el pecho. De la Maza fue por detrás del carro de Trujillo, quien se encontraba parado fuera del mismo. Imbert oyó un disparo de la escopeta de De la Maza, el cual a quemarropa le dio en el hombro a Trujillo quien se quejó por el dolor. Este caminó y se puso frente a las luces de su propio carro, y, en ese momento Imbert le disparó. Trujillo cayó sentado y luego boca arriba, muerto, con la cabeza hacia Haina.
Fue tan sólo en ese momento que llegó el segundo carro, manejado por Huáscar Tejeda y con Fifí Pastoriza y Pedro Livio Cedeño. Este último en ese momento fue herido por un disparo en el vientre, proveniente ya sea de Zacarías, Amado García Guerrero o Salvador Estrella Sadhalá. Imbert fue al carro de Trujillo y tomó un revólver 38 que encontró en el asiento de atrás, y que todavía estaba con su cinturón, por lo que no cree que Trujillo lo usara.

La declaración del chofer de Trujillo
Juzgado de Instrucción de la Primera Circunscripción del Distrito Nacional (21/7/1961)

P. ¿Qué podría usted informarnos en relación al atentado criminal perpetrado la noche del 30 de mayo del año en curso, contra la ilustre persona del Generalísimo doctor Rafael L. Trujillo Molina, y con el cual usted fue herido?
R. Yo era encargado de los vehículos privados del Jefe y era la persona que el Jefe utilizaba como chofer para sus viajes personales tanto en la ciudad como en el interior. Alrededor de las 8 p.m., del día 30 de mayo del año en curso, cuando él se preparaba a dar su acostumbrado paseo por la avenida George Washington, me dijo que me preparara para ir a la Hacienda Fundación.
Yo le pregunté entonces: "Jefe, ¿sigo detrás o lo espero aquí?". Él me contestó entonces: "Espere aquí". Luego, como a eso de la 9:40 p.m., el Jefe regresó del paseo, subió a su casa de la Estancia Radhamés, donde yo lo esperaba y más tarde volvió a bajar, a las 9:45 p.m. Momentos antes, el Teniente Pedro de la M.G.D., y quien servía como camarero del Jefe había preparado el maletín que acostumbraba a llevar el Jefe y que, según me expresó éste, dicho maletín contenía una gran cantidad de dinero por lo pesado que estaba. Partimos de la Estancia Radhamés a la residencia de doña Angelita Trujillo, ubicada en la avenida Máximo Gómez, donde el Jefe permaneció como diez minutos. El Jefe salió de la casa y se montó en la parte trasera del carro marca Chevrolet, modelo 1957, color azul, BelAir. De ahí, conduje el carro por la derecha en la George Washington, avanzando hacia la autopista, marchando a una velocidad estable de 90 kilómetros por hora.
Momentos antes de llegar al Bar Restaurante El Pony, rebasamos un automóvil Mercedes Benz. Proseguimos marcha por la autopista en dirección a San Cristóbal, y aproximadamente después de haber avanzado un kilómetro después del último poste del alumbrado eléctrico, repentinamente sentí un disparo desde un carro que iba detrás con las luces apagadas. Al mismo tiempo que sentí el disparo, que supongo fue de escopeta por la enorme detonación, pude darme cuenta de que el mismo vehículo que creo que nos perseguía, encendió las luces y volvió y las encendió. Segundos después, el Jefe me expresó: "Estoy herido, coge la ametralladora y párate a pelear". Entonces, yo le contesté: "Jefe, son muchos, vamos a ver si nos vamos, quiero salvarlo". Él volvió a repetirme: "Coge la ametralladora y vamos a pelear, que estoy herido". Mientras tanto, el carro que nos perseguía nos había rebasado por la derecha, tirándose un poco al paseo y desde el carro que lo rebasaba se hicieron disparos, que por su rapidez, presumo eran de fusiles ametralladoras; todas esas balas se pegaron en el carro y entiendo que algunas de ellas le dieron al Jefe. El carro que nos rebasó se tiró aun más a la derecha en el paseo, a consecuencia de yo haberle tirado encima el carro que conducía con el propósito de hacerlo salirse de la autopista. Pero al ser un carro tan veloz, de más potencia que el mío, pudo rebasarme y se cruzó hacia la izquierda, atravesándonos y debiendo yo frenar para no chocar con el carro que se me cruzó.
En esos momentos en que frenaba, traté de virar el carro nuestro hacia Ciudad Trujillo, desviándome hacia la izquierda y quedando nuestro vehículo ubicado con el frente izquierdo ligeramente introducido en la grama central de la autopista. Al detenerme y volver la cara hacia detrás para mirar al Jefe, había abierto la puerta y se apresuraba a desmontarse, teniendo ya un pie en tierra. Lo vi bajar deslizando su cuerpo hacia el estribo, dándome la impresión de que estaba mal herido. Mientras bajaba hacia el estribo, pude ver que con sus manos buscaba en los bolsillos traseros un revólver pequeño calibre 38 corto, que acostumbraba portar y que fue la única arma que utilizó. Mientras tanto, desde el automóvil enemigo que nos había rebasado y el cual se había ubicado en la pista contraria a la nuestra, es decir, dirección oeste-este, se había detenido a unos 13 metros de distancia del nuestro, con el frente delantero derecho saliendo de la autopista y penetrando en el paseo derecho de ellos. Los ocupantes de este automóvil ya se habían desmontado y nos disparaban con nutrido fuego hacia nosotros.
En esos momentos, le dije al Jefe: "A mí me hirieron también". El fuego que se nos hacían era cada vez más intenso. El Jefe se desmontó del vehículo y avanzó hacia la parte delantera derecha, y pude ver que disparaba con su revólver hacia los enemigos, con su pequeño revólver. Mientras tanto, yo tomé un fusil automático M1 (semi) y comencé a disparar sobre ellos. Cuando yo comencé a disparar, fue cuando vi al Jefe que avanzaba tres o cuatro metros delante del bómper del carro y cayó de bruces con el frente hacia el pavimento, dando media vuelta al caer, cayendo inerte. Presumo que el Jefe cayó muerto ya que no lo vi moverse más durante el tiempo que duró el combate que yo sostuve con los asaltantes. Descargué el fusil M-1 semi-automático con el cual disparaba y tomé una ametralladora Luger corta, disparando hacia el enemigo de manera intermitente, ya que debía racionar mis cápsulas para el combate que yo entendí se prolongaría. Vi cuando uno de los asaltantes avanzó hacia el cuerpo inerte del Jefe y al llegarle cerca le disparé algunas cápsulas que lo hirieron, dejando caer el asaltante su pistola o dando gritos de que se sentía herido.
Luego, después me salió otro asaltante delante del carro disparando hacia mí; yo entonces le contesté con disparos, habiéndome dado cuenta que había caído y su pistola había caído en el pavimento, pero prontamente se levantó y volvió hacia su carro. Luego, cuando se acabaron los tiros de la ametralladora que yo portaba adelante, abrí la puerta del lado derecho del carro y me desmonté para coger la ametralladora del Jefe que estaba detrás del carro. Logré alcanzarla, y cuando me disponía a sobarla para disparar, fui alcanzado una vez más en la cabeza, por un disparo que me derribó, dejándome sin sentido. Es lo último que recuerdo en relación al asalto y al combate, en el cual recibí heridas en las dos piernas, en el muslo izquierdo y dos heridas en el vientre, dos heridas en el hombro derecho, una herida en el tobillo derecho y una herida en la cabeza que me fracturó o astilló la parte superior del frontal. Cuando recobré el conocimiento, un tiempo después que no puedo precisar, encontré la ametralladora Thompson a unos pasos de mí, así como algunas distancias de la ametralladora, en el lugar donde vi caer al Jefe, el kepis que éste usaba esa noche.
Recogí ambas cosas y me senté en una verja situada a la derecha de donde me encontraba y esperé unos cinco minutos para ver si me traía a Ciudad Trujillo, ya que el vehículo en que nosotros andábamos no estaba en el lugar del hecho y los asaltantes tampoco se encontraban ya en ese lugar, suponiendo yo que se habían llevado el cuerpo del Jefe. Momentos después, aparecieron algunos campesinos, quienes fueron los que me condujeron hacia la antigua carretera Sánchez, donde fui trasladado al Hospital Marión donde quedé internado, habiendo sido dado de alta el día 17 de junio de este año.
P. ¿Tiene usted algo más que declarar?
R. No señor.
Con lo cual dimos por terminado el presente interrogatorio que después de leído al declarante y expresar su conformidad, lo firma junto con nosotros y el secretario que certifica.

Evita

domingo, 11 de mayo del 2008 a las 19:02
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Al referirme a su padrino el Doctor Joaquín Balaguer como un hombre oscuro y terriblemente misterioso, tengo que volver a utilizar estos calificativos con Evita.

Todos la recordamos del brazo del General Imbert cada 30 de mayo o empujando a Alexis Joaquín en el entierro del fenecido lider reformista, pero nadie conoce en realidad a esta muchacha, seria y controvertida a la vez que elegante y muy bella. Licenciada en Ciencias Políticas con la calificación Summa Cum Laude y profesora durante varios años de la UASD y PUCMM, en su día se declaró acérrima enemiga del presidente Mejías, cuando este se impuso a Balaguer en las elecciones de 2000 y ella, con 17 años aproximadamente entonces, soñaba con ocupar el papel de primera dama de la República ante la fallida victoria de su padrino. Esto, sumado a conflictos personales con el nuevo presidente, entre ellos el consabido con Vargas Llosa, la llevo a declararle la guerra a Hipólito, impulso infalible para que Leonel Fernández fuera vencedor de las elecciones de 2004.

Perteneciente a una destacada familia de la isla, publicó en 2001 su novela "Sangre en el Infierno de San Rafael", la cual retiró del mercado meses después de que Hipólito declarara de lectura obligatoria en las escuelas "La fiesta del chivo", novela de Vargas Llosa que la politóloga calificó como "despropósito", "monumento a la falsedad" y "montón de hojas mal escritas".

Cuando el 14 de julio de 2002 Joaquín Balaguer fenecía en la clínica Abreu de la capital, Evita se encontraba presente.  Pese a que Hipólito Mejías, el entonces presidente, dispuso a su manera el funeral de estado, la Licenciada le dejó bien claro  quien no quería allí y sus condiciones. Apoyada por el doctor Clarence Charles Dunlop, el abogado reformista Rafael Bello Andino y su inseparable General Antonio Imbert, consiguió que las cosas se hicieran a su manera, desautorizando así al presidente de la República.

Rompiendo también con el principio dominicano del luto, esta mujer que sin embargo se consagró a su padrino hasta el último segundo, no se quitó su característico color blanco durante los tres días que duró el oficio funerario, comentando que no tenía la más mínima intención de utilizar el negro, ya que ella las cosas las hacía en vida y  no había motivo para ello. En público se mostró impasible salvo en el momento de darle sepultura a los restos de quien durante 22 años guió los destinos del pueblo dominicano. En ese momento, se percató de que Alexis Joaquín Castillo, quien la noche anterior había dicho públicamente en televisión ser hijo de Joaquín Balaguer, se había personado en primera fila pese a los miles de asistentes al sepelio. Evita cruzó varias palabras con Castillo y lo sacó de allí jalandolo a empujones. Rafael Bello Andino, quien acababa de leer el panegírico del finado, apremió la que en su entorno consideraron una insolencia de Alexis Joaquín, instándolo a abandonar el camposanto.

En "Memorias de un cortesano de la Era de Trujillo", la autobiografía de Balaguer, el caudillo deja una página en blanco en referensia al asesinato del periodista Orlando Martínez, el cual le fue adjudicado de forma extraoficial. Balaguer deja claro que tras su muerte alguien que le ha de sobrvivir desvelaría la verdad. Han pasado seis años y nada se sabe aún. En cuanto a la persona de quien se trata, se ha apuntado a Evita y a Bello Andino, aunque ninguno de ellos jamás se pronunció al respecto.

Poco más se sabe de esta mujer que sin embargo conoció los grandes secretos del Doctor Balaguer y a quien el General Imbert ha manifestado querer como si hubiera sido su propia hija. Ella, enigmática y discreta, salió del país con su bella sonrisa y llevándose consigo todos los misterios que guarda.

Crimen y Poder

domingo, 11 de mayo del 2008 a las 18:23


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Este es el título de mi nuevo libro que pronto será formalmente presentado.

El tema -aunque arranca en 1987 con los componentes de la trama criminal en mi contra (organizada por los asesinos de Orlando)- y pasa por las conversaciones que entonces sostuve con el general Antonio Imbert Barreras(entonces Secretario de las FFAA) y con Joaquín Balaguer, se proyecta con fuerza en el reino de la impunidad que todavía protege a esos señores y a muchos asesinos y ladrones de alcurnia, como tambien a la podredumbre electoral actual, pese a la pus que destacan sus candidaturas señeras.

En este libro se destaca como una parte importante de las viejas y nuevas fortunas domini­canas tienen en su sello de fábrica, además de la explotación precapitalista y capitalista legalizadas, las inscripciones de la barbarie moderna: el crimen de Estado, una creciente relación del trá­fico de influencia y la corrupción entre empresas privadas, instituciones del estado y partidos del sistema…

Una peculiar acumulación originaria –y más que origina­ria– ha terminado por mezclar grandes capitales, forjados y multiplicados al vapor, con los partidos corrompidos, con el poder militar-policial, con la alta burocracia, con lavadores de dólares y traficantes de drogas… dentro de un ambiente de absoluta impunidad.

La mitología del consumo de lujo creada por el capitalismo desarrollado, imitada desde esta periferia subdesarrollada y dependiente a través del empleo de medios ilícitos y prácti­cas criminales, han conformado progresivamente un Estado delincuente, en el que interactúan grupos empresariales y al­tas jerarquías militares, policiales y de iglesias, que dominan la sociedad y reproducen la impunidad que le sirve de manto protector.

El consumo de drogas tiene sus receptores monumentales en EEUU y en las sociedades altamente desarrolladas del capitalismo. Pero a la vez la lumpen-burocracia, la lumpen- burguesía y el lumpen-militarismo, encuentran en los centros y las periferias del capitalismo, su caldo de cultivo óptimo tolerancia y protección para sus “negocios”.

Un cuerpo estatal corrompido, un sistema de dominación basado en esos niveles del delito, está imposibilitado de ex­tirpar ese cáncer; está imposibilitado de hacerlo incluso en su fase incipiente, menos aún cuando sus metástasis tocan los centros vitales del poder y de todo el aparato de domi­nación.

Así, la elevadísima fertilidad que le ofrece nuestro territorio al principal mercado de drogas del mundo (Estados Unidos), está acompañada de una impunidad realmente escandalosa en materia de narcotráfico, de asesinatos y otros delitos.

Dos núcleos fundamentales de valiosas informaciones des­plegadas en este libro están contenidas en un informe prepa­rado para la embajada de Estados Unidos sobre el curso de narcotráfico hasta finalizar el periodo presidencial de Jorge Blanco y, en segundo lugar, todo un archivo de datos obteni­dos a raíz de la trama criminal en mi contra planeada a partir de marzo de 1987, pero con fuertes raíces en los enclaves del crimen del gobierno de los doce años.

Ambas fuentes revelan una buena parte de la secuencia his­tórica, los entrelazamientos, conexiones, relaciones y evo­lución de esa alianza especial entre CRIMEN Y PODER forjada desde 1966 al presente como continuidad (reacomodada y readaptada) del trujillismo aliado a la dominación imperial; mientras las sucesivas indiferencias de las autoridades na­cionales frente a cada uno de los episodios y denuncias so­bre esas prácticas delincuenciales y sus conexiones con el Estado, ponen al desnudo el reinado de impunidad que le ha servido de manto de protección y estímulo a sus reitera­ciones a todo lo largo de las últimas décadas.

No hay mayor estímulo a los delitos de estado que la impunidad reiterada de de ellos.

Cierto que el Estado delincuente, la clase dominante pervertida y la mafiocracia que lo administra, cambia de forma y de traje, muta, evoluciona y se camuflajea según circunstancias y posibilidades. Y esto porque no pueden reinar sin contrapartida popular, más aun cuando se logran determinadas libertades.

El robo legalizado (extracción de plusvalía en forma de ganancia capitalista) y el robo formalmente penalizado por los códigos se combinan hasta que la impunidad le abre tanta cancha a los delitos tolerados y protegidos que pudre gobiernos y elecciones.

Procuro en este caso, como siempre, ayudar a comprender las causas y las soluciones de fondo, lo que facilita imprimirle conciencia a la indignación popular que generan los poderes que se gansterizan, con las miras puestas en la necesidad de hacerlos estallar. .

Y ahora, como siempre, tambien doy como presupuestado el resurgimiento de los intentos de criminalizar a quienes enfrentamos sin vacilacionesni dobleces a la mafiocracia, a la lumpem-burguesía y al lumpen-imperialismo, bajo el pretexto hipócrita de la lucha contra el terrorismo y la defensa de su adefesio de “democracia”.

Y esto toma tintes especiales en épocas de decadencia esencial (más allá de las apariencias, del espejo engañoso de unas “elecciones” secuestradas, de las burbujas mediáticas-publicitarias…) dentro de una competencia putrefacta y polarizada entre un reeleccionismo mafioso y degradante, y los que desde la “alternancia democrática” aspiran a adueñarse del Estado (y en especial de su patrimonio en bienes raíces y su capacidad contractual para multiplicar fortunas personales. Y porque esto se ha tornado en sumidero cloacal, sin espacio real para nada realmente alternativo, hablo de no votar ni participar en las condiciones actuales de las izquierdas

Entonces no tiene nada de extraño, que la auto-conciencia silenciada de esa decadencia y la percepción auto-ocultada del volcán social y político que se está gestando para después de estas “elecciones” podridas y al margen de esta institucionalidad pervertida, produzcan el proyecto de ley “antiterrorista” (copiado del Perú y de Colombia, y de factura gringa) e intente abrirle espacio al terrorismo mediático y la visita instigadora de generales genocidas colombianos que procuran criminalizar nuestras relaciones con las FARC. ¿ Hasta cuando vamos a permitir todas estas fechorías e hipocresías?

LOS HIJOS DE JOAQUÍN BALAGUER

domingo, 11 de mayo del 2008 a las 18:13

Nunca se sabrá la razón que pudo tener este caudillo intelectual para no reconocer nunca la existencia de sus hijos

Al recibir el premio Nóbel 2005, el escritor británico Harold Pinter inició su discurso diciendo: “No hay grandes diferencias entre realidad y ficción, ni entre lo verdadero y lo falso. Una cosa no es necesariamente cierta o falsa; puede ser al mismo tiempo verdad y mentira”. 
 Estas palabras caen como lluvia en tierra árida en cuanto a la persona, la vida, la conducta política y moral del doctor Joaquín Balaguer, un hombre que definitivamente hizo del enigma el soporte de su constitución síquica y de su propia vida e imagen pública.En un diálogo público con Felipe González, expresidente del gobierno español, el novelista Mario Vargas Llosa dijo que Joaquín Balaguer es una de las personas más misteriosas y enigmáticas que ha conocido. El tema de la conversación era la novela “La fiesta del chivo”, de tema dominicano, escrita por el autor hispano peruano, y en la que Joaquín Balaguer interviene como un personaje importante.
 

Es difícil describir la figura de Joaquín Balaguer cuando  dejamos a un lado el aspecto político , pues hablar del aspecto ético-moral resulta un tanto complejo, fue un hombre que amó profundamente a su familia, él mismo describe el enorme sufrimiento con la muerte de sus diferentes seres queridos (Su Padre, Su Madre, Sus Hermanas), recordemos incluso que cuando murió su hermana Carmen Celia, el Dr Balaguer permaneció por más de 20 horas ante su féretro sin ingerir agua ni alimentos, entonces nos preguntamos,

 ¿Qué razón pudo tener este caudillo intelectual para no reconocer nunca públicamente sus hijos?

 esto será difícil saberlo pues su muerte se llevó la respuesta a la tumba y sus más cercanos parientes y asistentes se niegan a hablar mucho de ello, aunque por lo menos han admitido que Balaguer dejó varios hijos, lo más extraño es que no sólo no los reconoció sino que tampoco, salvo pocos casos, les interesó conocerlos, tratarlos ni ayudarlos económicamente, y mucho menos habló públicamente jamás de este tema, se dieron sin embargo uno que otro caso en que pareció intervenir a través de familiares quienes incluso llegaron a criar a escondidas a una hija en Puerto Rico, a pagarle los estudios y la manutencion a otra y al final de su vida uno de sus hijos silentes llego a ser nombrado Fiscal del Distrito, veamos lo que se sabe sobre los descendientes confirmados de Joaquín Balaguer

 

                   Hijos de Joaquín Balaguer

.

 En ocasión de su muerte en 2002, surgieron a la palestra pública como descendientes suyos las siguientes personas:

   Con La Señora Juana Cuascut

(1) Gloria Nilsa Balaguer Lespier (n.1945) Fue criada por las Tías del Dr Balaguer residentes en Puerto Rico, se supo que era traída clandestinamente al país y llevada a la casa de la Maximo Gómez del Dr Balaguer.  

(2) Joaquín Jesús Balaguer Cuascut,  Su nombre original era Jesús Pérez ya que fué reconocido por su padrastro, pero un tribunal de Miami le autorizó a usar el apellido de su padre y cambió su nombre y apellido ,y la primera (Gloria Nilsa) adquirió los apellidos de las tías del Dr. Balaguer, Isabel y Dolores Balaguer Lespier, quienes la criaron.

 

  Con Carmen Mallén

(3) César Joaquín Mallén nacido en 1953,

 

 Con Mercedes Castillo

(4) Alexis Joaquín Castillo, procreado en 1956, llegó a ser designado Fiscal del Distrito Nacional, fue uno de los pocos casos en que pareció interesarse por ayudar un hijo, sin embargo nunca lo reconoció como tal, esto se confirmó luego de su muerte.

 

   Con Hilda Dolores Bisonó Mera

 (5) Luis Gustavo Bisonó (oficial de la Policía de New York), nacido por el año de 1962 en New York y todavía vive en los EEUU.

 

   Con Aura Celeste Solís

(6) Mercedes Antonia Solís, nacida hacia 1966. Balaguer le costeó sus estudios en el Colegio Santa teresita (cerca del Palacio Nacional), muy a menudo la llevavan al palacio de Gobierno y jugaba en el Jardín, pero pocos supieron realmente de quién se trataba, también mas tarde a sus hijos (Los Nietos de Balaguer) , les fueron pagados sus estudios hasta la muerte del Ex-Presidente, Mercedes estudió Derecho y posteriormente realizó estudios de Post-Grado en España, costeado siempre por el Dr Balaguer.

    Con Cuca Bastardo

(7 y 8 )  Antonio Bastardo y Nieves Bastardo.

 Se sabe muy poco de estos hijos ocultos de Balaguer con Cuca Bastardo.

 

Como podemos ver, el Dr Joaquín Balaguer tuvo 8 hijos conocidos hasta ahora, rumores hablan de algunos más de los cuales se sabe muy poco, las razones que lo llevaron a ocultar la existencia de ellos nunca lo sabremos, pero de seguro que si existiera algún premio o reconocimiento a sus acciones, se ganaría el PREMIO NÓBEL A LA IRRESPONSABILIDAD PATERNAL.

 

ESCRITO POR RAIFI GENAO

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